Encontré en internet esta imagen, que compartió uno de mis contactos

Al verla, me di cuenta que el siguiente mito, que muchos creen, sigue muy arraigado:

La calidad de la retroalimentación depende únicamente del emisor de ésta

Según esta creencia, para que la retroalimentación sea efectiva, el que la da debe ser capaz de hacerlo bien. Así, abundan los libros publicados, los talleres y los artíuculos enfocados en enseñar a dar “buena” retroalimentación. Las organizaciones invierten muchos recursos en entrenar a líderes, gerentes y directores para mejorar sus habilidades de dar retroalimentación.

Pero solo atienden una parte del problema con eso. Así que les presento mi propuesta.

Los pilares de la retroalimentación de alto impacto

Una retroalimentación de alto impacto requiere de tres cosas:

  • Un mensaje claro y honesto
  • Una forma adecuada de emitirla (tacto)
  • Capacidad del receptor para recibirla y procesarla adecuadamente

El mensaje mejor presentado se perderá si el receptor no es capaz de entenderlo. No importa cuán buenos seamos en comunicar y cuánto tacto tengamos al dar una retroalimentación si quien la recibe no es capaz de manejarla.

Si una parte del proceso consiste en expresar buenos mensajes, la otra parte consiste en escucharlos y procesarlos.

Escuchamos para responder, no para entender

Cuando nos involucramos en diálogos y debates, escuchamos a las otras partes. Generalmente, no lo hacemos para entender sus posturas, sino para responderles y, muchas veces, desacreditar lo que dicen. Al recibir retroalimentación ocurre algo similar: escuchamos con el fin de contestar, no con el fin de entender. Esto ocasiona que estemos rechazando la retroalimentación antes que recibiéndola.

¿Cómo cambiamos el hábito de escuchar para contestar al de entender? Es muy simple:

  1. Aprende a reconocer la emoción que te genera la retroalimentación
  2. Aprende a identificar el tipo de retroalimentación que estás recibiendo
  3. Haz preguntas

Tres detonantes de emociones

Recibir retroalimentación genera emociones, positivas y negativas. Cuando la emoción ha sido disparada, la escucha activa termina y sentimos la necesidad de contestar de inmediato. Haz una pausa e identifica primero qué emoción tienes y qué la disparó:

  • Detonante de verdad: “Lo que esta persona está diciendo no es verdad” o “lo que dice no ocurrió así”
  • Detonante de identidad: “Lo que esta persona me dice me hace identificarme como menos valioso” o “Soy una mala persona”
  • Detonante de relación: “Lo dices porque siempre te has sentido más listo que yo” o “Lo dices porque tú te llevas bien con X”

Una vez que has identificado tu detonante, haz otra pausa e identifica qué tipo de retroalimentación te dan.

Tres tipos de retroalimentación

Existen tres categorías para la retroalimentación. Es recomendable solo dar un tipo a la vez y no mezclarlas. Es necesario que el emisor sepa también elegir el tipo adecuado para el receptor.

  • Apreciación: Reconocimiento positivo o negativo hacia un aspecto del trabajo o la persona
  • Evaluación: Comparación del desempeño actual contra una referencia
  • Coaching: Recomendaciones y sugerencias para mejorar

Identificar el tipo de retroalimentación que tienes en las manos lo puedes hacer por ti o ejecutando el tercer paso

Pregunta para entender

Preguntar para entender significa comprender las razones por las que se te ha dado retroalimentación. Debes eliminar suposiciones (primero, entender el tipo de retroalimentación que te han dado), malos entendidos con conceptos y palabras. Antes de una pregunta como “¿por qué me dices esto?” (una pregunta aún dominada por la emoción), debemos optar por indagar “¿a qué te refieres con esto?”, “¿qué significa este concepto?”, “explícame esto con otro ejemplo”.

Evita el switchtracking. Habla de un concepto a la vez y no permitas que cambien la charla introduciendo aspectos o temas no relacionados.

Es hasta aquí que tienes la responsabilidad de decidir qué quieres hacer con la retroalimentación:

  • Desecharla
  • Crear un plan de acción individual
  • Crear un plan de acción conjunto

¿Quieres mejorar las habilidades de retroalimentación en tus equipos? ¡Podemos ayudarte!

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